Ecología del afecto: rizoma de la colaboración

Roxana Rodríguez Ortiz[1]

I

Buenos días, agradezco la invitación que me hacen Jazmín y Paola para colaborar con ustedes en, precisamente, pensar ¿qué es o por qué es importante proponer maneras de colaborar? De principio, cuando Jazmín me lo propuso, me tomó por sorpresa. Lo primero que pensé fue ¿qué podría decir yo sobre colaboración? Después empecé a imaginar escenarios y a traer al presente los diferentes momentos en los que, supongo, he “colaborado” con colegas, con la sociedad civil, con gobierno o con instituciones privadas.

Y digo supongo porque, por ejemplo, en los seis años que realicé incidencia en política migratoria y fronteriza a nivel local y federal no empleábamos el termino colaboración, sino acompañamiento. Y nos referíamos a las instancias de gobierno con las que interactuábamos como nuestras aliadas, específicamente cuando acudíamos a las mesas de negociación con representantes del Instituto Nacional de Migración, de la Secretaría de Gobernación y de la Unidad de Política Migratoria. Mientras que nosotras, integrantes de la academia y sociedad civil, nos sabíamos, al mismo tiempo, sus aliadas.

En esos años compartimos ciertas necesidades, independientemente de los motivos de cada cual, para poner sobre la mesa determinadas reformas de ley o redacción de iniciativas en beneficio de las personas migrantes. Uno ejemplo de ello fue, en 2014, la redacción del Programa Especial de Migración. El recuerdo que tengo de esos casi seis años (2013-2018) de trabajo colaborativo es muy positivo. Pero la decisión de abandonarlo se cruza con otra idea que, con los días en los que fui escribiendo esta presentación, se fue aclarando y se vincula con el otro extremo de la colaboración; es decir, el colaboracionismo.

Durante la transición de gobierno en 2018 (salía Peña Nieto y entraba López Obrador) fui represente del Colectivo Migraciones para las Américas en las mesas de trabajo coordinadas por Encinas y Solalinde. Un colectivo conformado por más de cien organizaciones de la sociedad civil de México, EUA y Centroamérica. Lo que estaba por venir con la llegada de AMLO ya se presentaba como una afrenta a la sociedad civil. Es decir, conocíamos de su animadversión por el financiamiento que obtenían ciertas ongs, las más grandes, de organismos como la Fundación Ford, la propia OIM o ACNUR. Pero también, para 2018, ya sabíamos de los recortes que se empezaban a realizar a nivel mundial en el rubro de migración una vez que lo dejan fuera de los 17 objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030, adoptada en 2015.

De cara a este escenario solo se vislumbraba un camino que, precisamente es el que, desde mi perspectiva, rompe con cualquier intento de colaboración entre sociedad civil-academia-gobierno, me refiero a la falta o escasez de recursos económicos. Paradójicamente, este escenario coloca a muchas organizaciones, instituciones, particulares, al mismo tiempo, en la parte más negativa de la colaboración; es decir, el colaboracionismo.[2]

El austericidio que desde el inicio de la administración de AMLO se avecinaba quedó documentado en el libro Migración cero. Reterritorializar la condición de refugiado en México (2020).[3] Además de la acéfala política migratoria que se reprodujo en espejo en la CDMX. No solo por lo que implicó el confinamiento mundial, sino también porque AMLO rompió el diálogo con la academia y, específicamente, con la sociedad civil. Un ejemplo lamentable de esta falta de coordinación entre gobierno, sociedad civil y academia fue lo que provocó la muerte por calcinación de 40 migrantes que los propios agentes del INM dejaron encerrados en la estación migratoria de Ciudad Juárez en marzo de 2023.

En este sentido, lo que más me preocupa, quizá, de acuñar la nomenclatura de colaborar, independiente de las mejores intenciones de quien la propone y realiza, es que la línea, el tránsito, entre colaboración y colaboracionismo es muy delgada y nunca debemos perderlo de vista, mucho menos debemos dejar a un lado nuestra responsabilidad social cuando se propone colaborar con organismos internacionales.

Finalmente, lo que terminó por alejarme de hacer incidencia de la mano de la sociedad civil fue la ausencia de la coordinación por parte del gobierno y de la sociedad civil para acoger las caravanas migrantes que estaban llegando a la CDMX en noviembre de 2028. En ese momento, la CDHCM, en conjunto con otras ongs, decidieron improvisar un “puente humanitario” en el deportivo Magdalena Mixhuca. El problema con este tipo de iniciativas consiste en que no sabemos cuándo estamos siendo asistencialistas y cuándo contribuimos con prácticas que promueven, en el caso de la política migratoria, la defensa de los derechos humanos de las personas en tránsito. No me amplio más en este tema, solo comparto las siguientes imágenes.

II

Después de esta introducción en primera persona propongo dos diferentes niveles de trabajo. El primero se refiere a analizar la noción de colaborar. El segundo a plantear la acción de colaborar. Par dar cuenta de la noción de colaborar recupero la metodología multidisciplinar con la que realizo Estudios Fronterizos[4]. Mientras que para referirme a la acción de colaborar propongo la epistemología rizomática e hipertextual que utilizo en Ecología del Afecto[5].

Empiezo entonces con el primer nivel. El que se refiere a la noción de colaborar. Para ello recurro a cuatro disciplinas transversales entre sí: la etimología, la genealogía, la filología y la deconstrucción. La intención y necesidad de recurrir a estas consiste en que no solo es deseable conocer el significado, sino también el sentido de colaborar.

Inicio con la etimología de colaborar, collaborare en latín (actualmente verbo en italiano). Si partimos la palabra co-laborar (col-laborare), es posible abstraer que se refiere a labor/laborar. Pero la definición que nos da el diccionario convierte laborar en trabajar: “trabajar junto a otra persona”, “trabajar juntas en un proyecto”. Sin embargo, laborar y trabajar no son necesariamente sinónimos.

Lo segundo que me interesa proponer sobre la noción de colaborar consiste en deconstruir los matices gramaticales de la acepción de “junto” en la definición de colaborar que nos ofrece el diccionario. Como se observa en la Tabla 1, puedo afirmar que, en términos estrictos, junto consiste tanto en un adjetivo, un adverbio, una preposición y una concurrencia temporal.

Tabla 1. Acepción de junto en la definición de colaborar

Juntoadjetivoadverbiopreposiciónconcurrencia temporal
 unido, cercano: los papeles están juntos.cerca, a lado: trabajamos juntas.junto a / de: la mesa está junto a la venta.acción

Como se observa en la Tabla 1, al momento de diferir, diseminar el significado/sentido de concurrencia temporal, es posible resignificar la colaboración como una acción. Acción que consiste en trabajar “junto a” y no necesariamente “para” alguien.

Lo tercero que propongo consiste precisamente en mostrar la transitabilidad de laborar hacia trabajo y de trabajar hacia acción/accionar. Para ello recupero la reflexión que propone Hannah Arendt en La condición humana. Una reflexión a partir del materialismo histórico sobre las diferentes maneras de explotación que han existido que resulta indispensable recuperar para identificar la diferencia que establece entre labor y trabajo, pensamiento y acción.Cuatro categorías de análisis imprescindibles para establecer las condiciones de posibilidad de colaborar, como lo desarrollo en la Tabla 2:

Tabla 2. Diferencia entre labor, trabajo, pensamiento y acción según Arendt.

Labor (animal laborans)Trabajo (homo faber)Pensamiento (animal rationale)Acción
Produce objetos de manera incidental y fundamentalmente se interesa por los medios de su propia reproducción […] no produce más que vida. (p. 112) “El metabolismo del hombre con la naturaleza” (Marx p. 120).Fabrica la interminable variedad de cosas cuya suma total constituye el artificio humano […] se trata de objetos para el uso que tienen ese carácter durable exigido para el establecimiento de la propiedad, el valor, la productividad (p. 165).La actividad de pensar es tan implacable y repetida como la misma vida, y la cuestión de si el pensamiento tiene algún significado constituye un enigma tan insoluble como el de la vida; sus procesos impregnan de manera tan íntima la totalidad de la existencia humana, que su comienzo y final son los de la vida del hombre (p. 192).Actuar significa tomar una iniciativa, comenzar, poner en movimiento (p. 207). La acción actúa sobre seres que son capaces de sus propias acciones, la reacción, aparte de ser una respuesta, siempre es una nueva acción que toma su propia resolución y afecta a los demás. Una acción política (p. 218).

A partir de lo que se observa en la Tabla 2, elaboro la “Proposición I. Referente a la concurrencia temporal de la colaboración”, con base en el nivel metodológico que le da no solo significado, sino también sentido a la acción de colaborar:

Proposición I: La concurrencia temporal de la colaboración puede ser entendida como una acción voluntaria, basada en el mutuo acuerdo, que no implica un contrato determinado, mucho menos una jerarquía implícita, quizá sí el reconocimiento horizontal de un liderazgo basado en el mayor conocimiento que alguien tenga del proyecto, pero nunca un liderazgo impuesto. Una concurrencia temporal que funciona para pensar en las posibles soluciones de ciertas problemáticas.

En un nivel técnico, ejemplifico la concurrencia temporal con la siguiente metáfora propuesta por Otto Neurath, filósofo del Círculo de Viena: “We are like sailors who have to rebuild their ship on the open sea, without ever being able to dismantle it in drydock and reconstruct it from the best components.” (Neurath, 1932. Citado en Yap, 2022, p. 39).

III

La epistemología rizomática e hipertextual que propongo para ecología del afecto es la que sienta las bases de la acción colaborativa. Quizá la manera más inmediata de comprender este pensamiento rizomático es a través de lo que Deleuze y Guattari proponen:

Resumamos las características principales de un rizoma: a diferencia de los árboles o sus raíces, el rizoma conecta cualquier punto con otro punto cualquiera, cada uno de sus rasgos no remite necesariamente a rasgos de la misma naturaleza; el rizoma pone en juego regímenes de signos muy distintos e incluso estados de no-signos. El rizoma no se deja reducir ni a la Uno ni a lo Múltiple. […] No está hecho de unidades, sino de dimensiones o más bien de direcciones cambiantes. No tiene ni principio ni fin, siempre tiene un medio por el que crece y desborda. [las cursivas son mías] (Deleuze y Guattari, 2002, p. 25) 

Por otro lado, hablar de colaboración en términos de la ecología del afecto me remite indiscutiblemente a pensar en la potencia de afectar y ser afectado que propone Spinoza, filósofo barroco que en su Ética apunta: “El cuerpo humano puede ser afectado de muchas maneras por lo que su potencia de obrar aumenta o disminuye, y también de otras maneras que no hacen mayor ni menor esa potencia de obrar”. [las cursivas son mías] (Spinoza, 2014, p. 210).

Lo que Spinoza nos aclara desde hace muchos siglos es lo que vino a negar, desafortunadamente, la modernidad: no vivimos, no actuamos, de forma aislada, sino todo lo contrario, somos interdependientes. Spinoza lo llama inmanencia. Y por ello todas tenemos la capacidad de afectar y ser afectadas por otros cuerpos, organismos, maneras de colaborar.

Con base en lo anterior, propongo la “Proposición II. Referente a la acción colaborativa” que se desprende de la epistemología rizomática e hipertextual:

Proposición II. Decidir colaborar, entonces, independiente de la finalidad (teleología), debe partir de la claridad que se tenga sobre cómo me va a afectar y, sobre todo, cómo voy a afectar con mi pensamiento, acción, trabajo a uno y otros cuerpos. El cuerpo como organismo vivo. Un organismo de muy variadas dimensiones que se desborda en la acción colaborativa.

En este sentido, puedo afirmar que, en realidad, colaboramos en todo momento sin tan siquiera reflexionarlo. La acción colaborativa es siempre un performativo y no un constatativo. De ahí que sea indispensable proponer otras epistemologías para pensar en la acción colaborativa —versus el colaboracionismo— a gran escala, en proyectos de sostenibilidad, en y para reformular la economía mundial y el derecho internacional.

La tarea pendiente, me parece, consiste en reflexionar sobre la manera en que desde el sur nos apropiamos de la nomenclatura que se emplea en un mundo ideológicamente tecnocrático y tecnocapitalista en el que las decisiones se toman desde el norte global. Como la que propongo en este texto. Un mundo en el que el derecho internacional que nos ha regido durante los últimos 200 años está en plena decadencia.

A manera de ejercicio del taller les sugiero reflexionar en grupos sobre la siguiente interrogante: ¿cómo rediseñar el sistema económico, el territorio, el derecho, la justicia, la ética, las instituciones y la propia academia desde la acción colaborativa?

Referencias:

Arendt, H. 2005. La condición humana. Paidós.

Deleuze, G y Guattari, F. 2002. Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Pre-textos

Rodríguez O, R. 2020. Migración cero. Reterritorializar la condición de refugiado en México. Bajo Tierra.

Spinoza, B. 2014. Ética demostrada según el orden geométrico. Alianza.

Yap, A. 2002. Conceptual Engineering and Neurath’s Boat: A Return to the Political Roots of Logical Empiricism. En Bordonaba Plou, Fernández Castro y Ramón Torices (eds.) The Political Turn in Analytic Philosophy. Reflections on Social Injustice and Oppression. De Gruyter, pp. 31-51.


[1] Texto elaborado para la sesión del 8 de abril online del “Curso-Taller: Repensando la Colaboración en Proyectos de Sostenibilidad”, organizado por la Dra. Jazmín Mota y la Dra. Paola García, LANCIS, IE-UNAM. Realizado del 6 al 10 de abril de 2026 en modalidad híbrida.

[2] Entiendo colaboracionismo como la alienación hegemónica de ciertos sectores de la política nacional, de ciertos integrantes de la academia y de la sociedad civil que rigen sus acciones de colaboración con base en acuerdos y pactos internacionales con la intención de obtener financiamiento para realizar investigación o proyectos científicos, tecnológicos y de sostenibilidad de poco alcance social. Una discusión de la performatividad ética y del derecho internacional en la que se debe profundizar.

[3] Empleo austericidio de manera simbólica para referirme al dar muerte. En este caso en particular aplica a los gobiernos estatales, federales que dejan de invertir, cortan los recursos destinados a programas sociales o para la defensa de los derechos humanos de las personas en movilidad (Rodríguez Ortiz, 2020, p. 69-74).

[4] Estudios Fronterizos es una plataforma de exploración fronteriza. Un dispositivo de reflexión teórica y enunciación práctica. Un laboratorio de escritura académica. Link del sitio: https://estudiosfronterizos.org/.

[5] Ecología del afecto es un dispositivo de escritura. Plataforma de análisis que incorpora los saberes periféricos de la CDMX mediante la reflexión de los y las estudiantes de la UACM. Laboratorio de producción de conocimiento colectivo que transgrede los límites disciplinares. Link del sitio: https://ecologiadelafecto.blog/.

Cómo citar este texto:

Rodríguez Ortiz, R. (2026, 8 de abril). Ecología del afecto: rizoma de la colaboración. [Conferencia] Curso-Taller: Repensando la Colaboración en Proyectos de Sostenibilidad. CDMX, México.


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