Minette Torres García1
En «La farmacia de Platón», de La diseminación, Derrida lee el Fedro a partir de una palabra que Platón no puede controlar: pharmakon. Theuth ofrece la escritura a Thamus como pharmakon lethes, veneno del olvido. Derrida muestra que el pharmakon es indecidible: puede ser remedio, veneno, droga y filtro (pharmakos). Platón quiere purificarlo, asignando al habla viva el lugar del remedio y a la escritura el del veneno. Sin embargo, su propio texto se envenena a sí mismo, pues condena la escritura escribiendo. No hay logos sin pharmakon.
El K-pop es la realización contemporánea de esa estructura. Es un sistema profundamente logocéntrico: coloca en el centro la fantasía de una presencia plena, el ídolo en vivo, el contacto sin mediación. Sin embargo, toda su economía afectiva se sostiene sobre aquello que Platón quería expulsar: la escritura entendida como graphe, como marca repetible, iterativa y huérfana.
Las photocards, los lightsticks sincronizados, los fanchants, los Weverse Lives y las fancams son formas de hypomnesis, prótesis externas. Para Platón producirían olvido. Para Derrida son suplementos: aquello que se añade desde fuera revela que el origen ya estaba incompleto. El concierto no precede a la photocard; la necesidad de la photocard produce el deseo del concierto. El K-pop no usa la escritura: es escritura.
El ídolo mismo funciona como pharmakeus, mago que cura la soledad mediante un filtro amoroso, y como pharmakos, cuerpo artificial que se adora y se cancela para purificar a la comunidad. Es remedio porque sutura la falta, pero también veneno porque crea dependencia de una presencia que es estructuralmente ausente.
BTS – NORMAL, de su álbum Arirang (2026), es la autoconciencia de esta farmacia. Arirang, cuyo nombre remite a la canción folclórica sobre el anhelo y la separación, es el álbum de regreso del grupo tras el servicio militar. NORMAL es su novena pista, descrita como la única marcada explícitamente no por su sonido, sino por su crudeza confesional: el anhelo de una vida ordinaria de siete hombres que solo han observado la normalidad desde la distancia.
Aquí, lo normal ocupa el lugar del pharmakon. BTS lo desea como remedio para curarse del exceso de ser ídolo. Pero solo puede acceder a él mediante la escritura más elaborada: una canción producida por Ryan Tedder, con una cadencia profesional. Para decir «Quiero ser normal», deben confirmar textualmente que no lo son. El remedio es veneno. Es la respuesta de Thamus a Theuth: su escritura no les devolverá lo normal, sino únicamente su apariencia.
NORMAL no cierra la herida: la disemina. No hay retorno a una normalidad pura sin prótesis, porque nunca la hubo. Si el K-pop es la farmacia, NORMAL es el momento en que el farmacéutico reconoce que no hay cura fuera del veneno: solo escritura.
- Minette Torres García es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las ideas de la UACM. Este texto fue escrito para el Seminario de Autor: Derrida durante el semestre 2026 -II impartido por Roxana Rodríguez Ortiz. ↩︎
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