Luís Hugo Arratia Zarate1
En “De la economía restringida a la economía general”, Derrida analiza la dialéctica hegeliana como un movimiento que niega, conserva y supera las contradicciones. Esta operación, denominada Aufhebung, impide que lo negado desaparezca por completo: lo incorpora en una determinación más compleja. La negatividad no destruye el sentido, sino que trabaja para producir conocimiento. Así, el sistema hegeliano parece orientado hacia cierto perfeccionamiento, pues ninguna contradicción puede quedar fuera de la totalidad ni permanecer como pérdida absoluta.
Últimamente he visto videos de equilibristas de circo, filmados en distintos países y épocas. Me resulta significativo que la semana pasada recurriera a una metáfora para pensar la relación entre génesis y estructura, y que esta lectura me conduzca de nuevo a otra imagen. La dialéctica del señor y el siervo puede representarse mediante un equilibrista sobre la cuerda floja. El señor debe arriesgar la vida para demostrar su independencia, pero no puede morir. Si muere, ya no existe alguien a quien reconocer; si mata al siervo, pierde la conciencia de cuyo reconocimiento depende. El siervo, por su parte, acepta la subordinación porque teme a la muerte.
La cuerda floja también permite comprender el simulacro señalado por Derrida en su lectura de Bataille. El equilibrista representa el riesgo absoluto, aunque el espectáculo necesita que sobreviva. La técnica y el equilibrio lo aproximan a la caída sin permitir que esta se consume. El público contempla la posibilidad de la muerte y experimenta angustia ante el peligro, pero también alegría cuando el artista conserva la vida. La representación permite acercarse a la muerte desde la vida. El riesgo adquiere así un límite, un sentido y un rendimiento.
Derrida identifica en esta conservación una economía restringida. Incluso la negatividad debe ofrecer un beneficio y participar en la circulación del sentido. Bataille opone a este movimiento la soberanía y el gasto sin reserva: una pérdida sin utilidad, reconocimiento ni recuperación. Mi primera reacción fue considerar esa pérdida como un desperdicio. Esta respuesta puede relacionarse con una racionalidad neoliberal que clasifica las experiencias según su utilidad y exige transformar incluso el dolor en aprendizaje. Sin embargo, una pérdida puede acontecer y agotarse sin necesitar un resultado posterior que la justifique.
Derrida no rechaza a Hegel, pues tal oposición podría convertirse en otra negación integrada por la dialéctica. En cambio, sigue su discurso hasta mostrar aquello que la Aufhebung no puede recuperar. Hegel reconoce la fuerza de la negatividad, pero la limita al convertirla en trabajo del sentido. Derrida lleva ese descubrimiento hacia una pérdida que no garantiza reconciliación.
Este desplazamiento prepara la transición hacia la différance. En Hegel, la diferencia conduce hacia una identidad superior; en Derrida, permanece abierta. La justicia, por ejemplo, remite a la injusticia, al derecho, al daño y a la reparación. Ningún concepto posee un significado aislado, pues cada uno conserva las huellas de otros. Como el equilibrista, el sentido avanza sin alcanzar un punto definitivo: depende de diferencias que lo sostienen, lo desplazan y aplazan su cierre.
Referencias
Derrida, J. (1989). De la economía restringida a la economía general: Un hegelianismo sin reserva. En La escritura y la diferencia (P. Peñalver, Trad., pp. 343–382). Anthropos.
- Luís Hugo Arratia Zarate es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las ideas de la UACM. Este texto fue escrito para el Seminario de Autor: Derrida durante el semestre 2026 -II impartido por Roxana Rodríguez Ortiz. ↩︎
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