El suplemento: ¿qué ocurre cuando lo que viene después ya estaba en el principio?

Por Esmeralda Verenice Peña Garcés1

Al leer a Derrida, una de las ideas que más me llamó la atención fue la del suplemento[1]. Al principio entendí el suplemento como algo que viene a completar otra cosa que ya existe. Por ejemplo, si tengo una idea y después la escribo, parecería que primero está la idea completa y que la escritura solamente sirve para expresarla. Sin embargo, Derrida cuestiona precisamente esta relación entre un origen que estaría completo y algo que llega después para complementarlo.

En De la gramatología: del suplemento a la fuente: la teoría de la escritura, Derrida analiza a Rousseau y su concepción de la escritura. Según Rousseau, la historia de la escritura es la de la articulación (Derrida, 1986, p. 351). Sin embargo, Derrida muestra que la escritura no puede entenderse simplemente como algo exterior que se agrega posteriormente. Al final del capítulo habla del “suplemento de origen”: aquello que aparentemente viene a completar el origen mostrando que ese origen nunca fue completamente autosuficiente.

Esto me hizo pensar en mi propia manera de escribir filosofía. ¿Es posible que yo tenga primero una idea completamente formada y que después solamente la escriba? Cuando comienzo a escribir, muchas veces descubro que lo que pensaba que entendía no estaba tan claro. La escritura me obliga a ordenar, cambiar, agregar y quitar palabras. Incluso puede hacerme descubrir una idea que no sabía que estaba pensando. En este sentido, escribir no sería solamente representar un pensamiento que ya existe, sino también participar en su construcción.

Esto también me hizo pensar en la lógica. Al principio quise comparar el suplemento con una estructura como “si P, entonces Q”, pensando que para que se cumpla Q tiene que estar P y que quizá podríamos agregar R. Pero después me di cuenta de que la comparación no funciona exactamente así. En la lógica formal, las proposiciones tienen relaciones determinadas y no podemos decir simplemente que porque una proposición sea falsa también sea verdadera. Lo que me interesa de mi comparación es otra cosa: la posibilidad de que aquello que parecía ser primero y aquello que parecía venir después no sean completamente independientes.

Incluso pensé: si digo que algo es falso, ¿no estoy diciendo al mismo tiempo algo verdadero, es decir, que “es falso”? Pero aquí también tengo que tener cuidado: decir que “P es falso” no significa que P sea verdadera. Son afirmaciones diferentes.

Por eso, quizá lo que Derrida me hace pensar no es que todo sea verdadero y falso al mismo tiempo, sino algo más interesante: que algunas oposiciones que parecían muy claras (origen/suplemento, primero/después, original/copia) pueden esconder una relación más compleja. El suplemento parece venir después, pero su presencia nos obliga a preguntarnos si aquello que llamábamos origen alguna vez estuvo completamente solo.

No se trata de que no podamos escribir filosofía sin saber filosofía, ni simplemente de que la escritura sea un suplemento del habla, sino de cuestionar la relación entre aquello que parece estar primero y aquello que parece depender de lo primero.


[1] Este suplemento expone cabalmente una suplencia aditiva, un suplemento del habla. Se inserta en el punto donde el lenguaje comienza a articularse, es decir, nace de faltarse a sí mismo, cuando su acento, marca en él del origen y de la pasión, se borra bajo esa otra marca de origen que es la articulación (Derrida, 1986, p. 351).

REFERENCIAS

  • ReferenciasDerrida, J. (1986). De la gramatología (O. del Barco & C. Ceretti, Trads.; R. Potschart, Rev.). Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en 1967).

  1. Esmeralda Verenice Peña Garcés es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las ideas de la UACM. Este texto fue escrito para el Seminario de Autor: Derrida durante el semestre 2026 -II impartido por Roxana Rodríguez Ortiz. ↩︎


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