Por Angel Celedonio Serrato1
En la obra Antígona se ponen de manifiesto relaciones de parentesco que están atravesadas por interpretaciones simbólicas. Dichas relaciones están estructuradas en torno al incesto, pues no se puede pasar por alto que la existencia de Antígona “representa un feminismo que podría, en cualquier caso, estar al margen del mismo poder al que se opone” (Butler, 2001: 16).
¿Cómo podría Antígona ser una representante del feminismo tal como lo sugiere Butler? Precisamente porque Antígona es una mujer que se atreve a desafiar al Estado tebano, representado por Creonte, por el amor filial que sentía por su hermano Polínices. Ese acto de valentía por parte de Antígona puede considerarse una insurrección, porque el lazo consanguíneo que la unía a su tío Creonte representó un “derramamiento de sangre, algo que debe subsistir para que los Estados autoritarios se mantengan” (Butler, 2001: 18).
Para Creonte, saber que los descendientes de Edipo terminarían muertos resultaba conveniente, porque él sería el único heredero al trono. Aunque este último ignoraba en primera instancia que Antígona desobedecería el edicto en el que el gobernador de Tebas establecía que, por ningún motivo, Polínices debía ser sepultado por considerarlo traidor al Estado, dado que había combatido en el ejército rival contra Tebas. Esta razón podría justificar la decisión de Creonte de no querer sepultar a Polínices, pues buscaba dejar insepulto a un traidor a su pueblo. Sin embargo, esto no le importó a Antígona, quien, por amor a su hermano, se atrevió a desafiar a su tío, asumiendo un rol tan rebelde que hay interpretaciones que la consideran varonil (Butler, 2001: 21). Hay un momento en la obra en el que la protagonista se opone a Creonte, “como el encuentro entre dos fuerzas: el parentesco y el Estado” (Butler, 2001: 21), situación que se ve trastocada porque la actitud desafiante de Antígona hace empequeñecer el carácter de Creonte cuando este la tiene enfrente (Butler, 2001: 21).
Antígona actúa de formas que son consideradas masculinas, no solo porque desafía la ley, sino también porque se apropia de la voz de la ley para cometer un acto en su contra. Ella no solo delinque al rechazar el decreto, sino que también lo hace al no negar su responsabilidad; de esta forma, se apropia de la retórica de la acción del propio Creonte. Su acción aparece mediante su rechazo a respetar su orden (Butler, 2001: 26-27).
La rebeldía de Antígona ante el decreto de Creonte demuestra su seguridad para afrontar las consecuencias de su desobediencia. Ella en ningún momento siente culpa; al contrario, manifiesta su plena libertad por haber llevado a cabo su disidencia contra Creonte, y dicha disidencia la hace sentirse segura de sí misma.
Antígona demuestra su valentía al aceptar ante Creonte que ella había dado sepultura a Polínices al afirmar: “yo digo que lo hice y no lo niego” (Butler, 2001: 21). Al reconocer que había sepultado a su hermano, no solo mostró su valentía, sino también su integridad ética, pues afrontó las consecuencias de sus actos y se dispuso a recibir el castigo establecido en el edicto de Creonte.
Antígona, mediante sus acciones, mostró una postura política que privilegió siempre su defensa a ultranza de poder sepultar a su hermano. Fue el amor filial el que la movió a enfrentar al Estado. Ese mismo amor es el que le dio el valor de aceptar su destino, ya predeterminado por el oráculo griego.
Ética del amor filial y ontología de la muerte
El amor le permitió a Antígona experimentar una ética incondicional hacia su hermano Polínices, pues el amor filial le permitió desarrollar una compasión afirmativa hacia él, ya que hizo por su hermano lo que seguramente le hubiera gustado que hicieran por ella en caso de encontrarse en la misma situación.
En conclusión, la postura política que asumió Antígona permitió que viviera su duelo con una actitud de paz respecto a Polínices, pues consideró que hacía lo correcto al enfrentar a su tío, quien representaba al Estado, con tal de expresar un amor incondicional hacia su hermano.
BIBLIOGRAFÍA
Butler, J. (2001). El grito de Antígona. El Roure Ediciones.
- Angel Celedonio Serrato es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las ideas de la UACM. Este texto fue escrito para el Seminario de problemas: “Antígona: ontología de la muerte” durante el semestre 2026-1 impartido por Roxana Rodríguez Ortíz. ↩︎
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