¿Cómo puede un acontecimiento ser absolutamente único si necesita elementos que pueden repetirse?

Esmeralda Verenice Peña Garcés1

Pensar el acontecimiento como algo único parece implicar que aquello que acontece ocurre una sola vez y de manera irrepetible. Sin embargo, Derrida introduce una gran dificultad: para que algo pueda acontecer como marca o inscribirse, debe poseer una estructura que permita su repetición. ¿No parece entonces una contradicción entre la singularidad del acontecimiento y la repetibilidad de aquello mediante lo cual acontece?

Pensemos, por ejemplo, en la expresión francesa tu me manques. Aunque suele traducirse y entenderse en español como «te extraño», expresa algo más cercano a «tú me haces falta». La estructura de ambas expresiones es diferente: mientras en español decimos «yo te extraño», en francés es el otro quien «me falta». Sin embargo, podemos reconocer que ambas expresiones pueden referirse a una experiencia semejante. Eso me resulta interesante porque muestra que, incluso cuando intentamos trasladar una expresión de una lengua a otra, no encontramos necesariamente una identidad absoluta entre ambas.

La expresión tu me manques puede aparecer en distintos momentos y circunstancias: alguien puede decirla en una conversación, escribirla en una canción o en una carta, enviarla por mensaje o incluso citarla dentro de un texto. En cada caso, la marca lingüística puede ser reconocida como la misma expresión, aunque el acontecimiento en el que aparece no sea el mismo. La frase se repite, pero aquello que ocurre mediante ella no se repite de manera idéntica. Pero ¿qué ocurre cuando la persona no habla el idioma? ¿La regla se rompería? ¿Qué es lo que permanece y qué es lo que cambia?

Una persona que no habla francés podría encontrarse con la expresión tu me manques sin comprender su significado, pero, aunque esta no comprenda su significado, esto no elimina la posibilidad de que la expresión sea repetida. La marca puede ser copiada, citada, desplazada hacia otro contexto o traducida posteriormente. Esto permite distinguir entre la comprensión efectiva de una marca y su posibilidad estructural de ser repetida.

Esta posibilidad de repetición es lo que precisamente piensa Derrida como categoría de iterabilidad. Una marca debe poder desprenderse del contexto en el que apareció originalmente para poder funcionar nuevamente en otro. Si una expresión solo pudiera funcionar dentro de un contexto absolutamente determinado, entonces no podría ser citada ni utilizada fuera de él.

La traducción permite observar este desplazamiento: tu me manques no puede traducirse literalmente como «te extraño». Si dijéramos je te manque, estaríamos diciendo «yo te hago falta». La misma experiencia puede expresarse mediante estructuras diferentes, y ese desplazamiento muestra que aquello que se comunica no queda fijado de una única manera.

Pero aquí surge otra cuestión: si una marca puede repetirse en diferentes contextos, ¿qué sucede con la singularidad del acontecimiento? La repetición no significa que cada acontecimiento sea idéntico al anterior. Cuando alguien dice tu me manques, la expresión puede ser la misma, pero aquello que ocurre al decirla es diferente: cambia quién la dice, a quién se dirige, el momento, la relación entre las personas y el contexto en el que aparece. La repetibilidad de la marca no elimina la singularidad del acontecimiento; más bien, parece ser la condición que permite que este pueda producirse.

Aquí aparece una relación con la différance. Si una marca puede desplazarse de un contexto a otro y de una lengua a otra, su sentido tampoco puede quedar completamente encerrado en una única situación. La marca conserva cierta identidad que permite reconocerla, pero, al mismo tiempo, se modifica por las relaciones que establece en cada nuevo contexto. Su sentido no está completamente presente de una vez y para siempre, sino que se desplaza y se produce mediante diferencias.

Por ello, el problema del acontecimiento puede formularse como una tensión entre singularidad y repetibilidad. Lo que acontece debe ser singular, pero aquello mediante lo cual acontece debe poder repetirse. El acontecimiento necesita, paradójicamente, de aquello que podría parecer contrario a su unicidad: la repetición.

  1. Esmeralda Verenice Peña Garcés es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las ideas de la UACM. Este texto fue escrito para el Seminario de Autor: Derrida durante el semestre 2026 -II impartido por Roxana Rodríguez Ortiz. ↩︎

Descubre más de Ecología del afecto

Suscríbete para recibir las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más de Ecología del afecto

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Continuar leyendo