Esmeralda Verenice Peña Garcés1

Al leer «La différance» en Márgenes de la filosofía, me surge la pregunta: ¿qué intenta hacer Derrida al jugar con la palabra francesa différence? ¿Está proponiendo una nueva teoría del centro? Más que proponer un nuevo centro, Derrida parece desestabilizar la idea misma de centro.

Derrida condensa dos sentidos en una sola palabra al alterar su ortografía tradicional, reemplazando la «e» por la «a», una letra que no se percibe en la pronunciación. Différance remite, por un lado, a ser diferente (distinción espacial) y, por otro, a diferir o aplazar (distinción temporal). Con ello, Derrida muestra que nunca sabemos plenamente qué es una palabra, porque, al buscar su significado, siempre nos remite a otra palabra, en una serie de desplazamientos.

Por ejemplo, si buscamos qué es una silla, encontramos que es un objeto con respaldo, generalmente con cuatro patas. Pero esta definición está compuesta por otras palabras: objeto, respaldo, patas. Si intentamos comprender «objeto», nos remitirá a «cosa material», «uso», «función», y así sucesivamente. El significado no aparece en una sola palabra, sino que se desplaza continuamente, como en una red. De este modo, nunca llegamos a un significado trascendental que esté fuera del lenguaje y que ancle todo el sistema. Más bien, el significado funciona como una huella que está en constante movimiento, nunca plenamente presente.

La «a» que Derrida introduce constituye un gesto radical. En francés, différence y différance se pronuncian igual, por lo que la diferencia solo existe en la escritura y no en el habla. Esto muestra que la distinción fundamental del lenguaje no es audible, sino gráfica, lo cual pone en cuestión la primacía tradicional del habla sobre la escritura.

Esto se relaciona con la categoría de escritura en Derrida, donde ya no se entiende como algo secundario, sino como condición de posibilidad del lenguaje. La oposición entre habla y escritura se desestabiliza: la escritura deja de ser un simple suplemento y pasa a ser aquello que hace posible el significado mismo, mostrando que no hay un origen puro del lenguaje.

Entonces surge la pregunta: ¿cómo puedo estar segura de lo que digo? No hay una presencia plena del significado. Esto no significa que el significado sea imposible, sino que nunca es fijo ni completamente presente. La différance, como menciona Derrida:

«no es sólo irreductible a toda reapropiación ontológica o teológica —ontoteología—, sino que, incluso abriendo el espacio en el que la ontoteología —la filosofía— produce su sistema y su historia, la comprende, la inscribe, y la excede sin retorno. […] no es ni una palabra ni un concepto» (Derrida, 1972, pp. 42-43).

Sino un movimiento que desestabiliza la estructura del pensamiento. No propone un nuevo centro, sino que muestra que el centro mismo es una construcción que depende del lenguaje.

REFERENCIAS

Jacques Derrida (1994). «La différance», en Márgenes de la filosofía. Madrid: Ediciones Cátedra.

  1. Esmeralda Verenice Peña Garcés es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las ideas de la UACM. Este texto fue escrito para el Seminario de Autor: Derrida durante el semestre 2026 -II impartido por Roxana Rodríguez Ortiz. ↩︎

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