Esmeralda Verenice Peña Garcés1
En mi nota anterior, a partir de la idea del suplemento en Derrida, me preguntaba si aquello que aparece después realmente viene a completar algo que ya estaba completo. Pensaba en la escritura; quizá uno cree que primero tiene una idea completamente formada y que después simplemente la escribe, pero al escribir puede descubrir que aquello que pensaba no estaba tan claro como creía. La escritura, entonces, no solamente expresaría el pensamiento, sino que también podría hacer aparecer algo que no estaba completamente presente antes.
Al leer ahora La escritura y la diferencia: Cogito e historia de la locura, encuentro un problema parecido, aunque aplicado al pensamiento y a su expresión. Derrida retoma la interpretación de Foucault sobre el Cogito cartesiano y señala que esta interpretación resulta iluminadora cuando el Cogito tiene que “reflejarse y proferirse en un discurso filosófico organizado” (Derrida, 1989, p. 84). Es decir, hay una diferencia entre el momento en que ocurre el Cogito y el momento en que este se convierte en una formulación filosófica que puede ser comunicada y organizada.
Esto me hizo regresar a las Meditaciones de Descartes. Él comienza destruyendo, mediante la duda, aquello que consideraba seguro: primero pone en cuestión los sentidos, después la diferencia entre vigilia y sueño y finalmente incluso aquellas verdades que parecían universales mediante el argumento del genio maligno. Al llegar a la suspensión del juicio, llega al “yo soy, yo existo”. Lo interesante es que el Cogito no aparece simplemente como una conclusión que Descartes ya tenía preparada, sino que es su propio ejercicio de la duda.
Aquí es donde la observación de Derrida me resulta interesante. Él afirma que “el Cogito es obra desde el momento en que se reafirma en su decir. Pero es locura antes de la obra” (Derrida, 1989, p. 85). Esto me hace pensar que existe una diferencia entre tener una experiencia de pensamiento y convertir esa experiencia en un discurso filosófico. Antes de formular el Cogito como una verdad clara y comunicable, existe la experiencia de la duda, que Derrida relaciona con una especie de “errancia” del Cogito.
Esto también me recuerda a mi pregunta anterior sobre si se puede escribir filosofía sin saber filosofía. Quizá la pregunta no debería ser exactamente esa. No se trata de que cualquiera pueda producir filosofía sin conocerla, sino de preguntarnos si lo que pensamos está completamente formado antes de expresarlo. Tal vez, al igual que la escritura puede mostrar que una idea no estaba completamente terminada, el decir puede convertir una experiencia de pensamiento en algo distinto: una obra, una proposición, un discurso.
Por eso, ahora veo una posible relación entre ambos capítulos: en el suplemento, aquello que parecía venir después cuestiona la autosuficiencia del origen; en el Cogito, aquello que parece ser una verdad ya completamente constituida aparece primero como una experiencia que todavía no ha sido organizada en discurso. Quizá Derrida nos obliga a mirar precisamente ese momento anterior en el que todavía no podemos separar tan fácilmente el pensamiento de aquello que lo expresa y preguntarnos, ¿qué ocurre con una idea antes de que podamos convertirla en una frase que tenga sentido para nosotros y para los demás?
- Esmeralda Verenice Peña Garcés es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las ideas de la UACM. Este texto fue escrito para el Seminario de Autor: Derrida durante el semestre 2026 -II impartido por Roxana Rodríguez Ortiz. ↩︎
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