Por Marco Antonio Pérez Nazario1
Para la nota de esta clase, la problemática a tratar consiste en la manera de pensar la inmanencia como “una vida”, en tanto que comprendamos que la inmanencia no es lo mismo que la vida, si no un equivalente que representa a la inmanencia absoluta.
Una vida es la encrucijada herencia que Deleuze nos deja y que Giorgio Agamben recupera para mostrar la constante vertiginosa confusión que se presenta cuando pensamos tanto a la inmanencia, como la trascendencia. Cuestión que culmina en la confusión de no saber distinguir una de otra: la tarea ardua del pensamiento, en tanto que el movimiento del todo es incesantemente infinito y no descansa en un lugar específico.
La inmanencia parte, en este sentido, sobre aquello que debe ser pensado, en tanto que es existente y es necesario de saber o conocer, pero también muestra otra cara, ya que aquello que debe ser pensado no acaba de ser pensado, puesto que el pensamiento mismo no alcanza para pensarlo.
Quizás este es el gesto supremo de la filosofía: no pensar en el plano de la inmanencia, sino mostrar que está ahí, no pensando en cada plano. Pensarlo de esta manera, como el afuera y el adentro del pensamiento el afuera no exterior y el adentro no interior (Deleuze, 2007, p.72).
Una vida para Deleuze es el ser inmanente que proviene de la inmanencia misma; es decir, la diferencia entre el individuo y la chispa o presencia de la vida contenida dentro de él. Una vida que no tiene nada que ver con la concepción humana de la vida y la muerte, que se piensa en el traspaso de un mundo a otro; una vida que persiste en medio de ambos momentos.
La propuesta de Deleuze invita, por esta razón, a pensar la vida como un impersonal que se esconde entre la inmanencia y la trascendencia, una vida que deja de lado los supuestos del bien o del mal, en tanto que considera que esas características son parte del sujeto que habita la vida y no como es Una Vida que representa a la inmanencia absoluta.
Eso que está adentro pero no en el interior del sujeto particular que habita la vida, la vida como aquello que afecta de manera impersonal a todo aquello que se encuentra contenido dentro de ella, en tanto que tiene un nacimiento y un fallecimiento. Estos eventos deben de entenderse como la coexistencia entre la vida impersonal y el sujeto o individuo que vive la vida, sin confundir que por esta relación entre ambos son parte de uno mismo en todo momento y en toda ocasión.
Esta relación para Agamben consiste en decidir cuál de los diversos modos de aquello que llamamos vida es el más completo, en tanto que puede llevarnos al fondo de la comprensión absoluta, no solo de la concepción de la vida ,sino de los orígenes mismos de la creación y su constante e infinita presencia que es atribuida a un solo ser.
El aislamiento de la vida es Una Vida desnuda que no contiene un acontecimiento o principio que fundamente su sentido o existencia, aquello que no se puede pensar; es decir, aquello que se encuentra afuera pero no en nuestro exterior inmediato, como un equivalente a la naturaleza entendida como la vida animal, las plantas o la vida nutritiva como entendía Aristóteles.
Tales premisas nos llevan a la separación o la ruptura de la inmanencia con la vida.
REFERENCIA
Agamben, G. (2007). La inmanencia absoluta. En G. Giorgi & F. Rodríguez (Comps), Ensayos sobre biopolítica, Excesos de vida (pp. 70-71). Buenos Aires: Paidós.
Deleuze, G. (2007). La inmanencia: una vida… En Giorgi y Rodríguez (comps.) Ensayos sobre biopolítica. Excesos de vida (pp. 35-40). Buenos Aires: Paidós.
- Marco Antonio Pérez Nazario es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las ideas de la UACM. Este texto fue escrito para el seminario de Bioética durante el semestre 2025 -II impartido por Roxana Rodríguez Ortiz. ↩︎

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