Por Esmeralda Verenice Peña Garcés1
Para Hegel, la conciencia descubre que la esencia objetiva es su propio sí mismo y esa esencia que es “en y para sí” es el espíritu. Esto significa que el individuo, la realidad social y la conciencia histórica no están separados, pues el espíritu es la sustancia viva que se realiza en las instituciones, en la cultura y en las acciones humanas, siendo esta esencia, sustancia y conciencia vivida.
Siguiendo la línea de Hegel y tomando en cuenta las oposiciones propuestas por Roxana Rodríguez Ortiz en la sesión del seminario: familia vs estado, ley divina vs ley humana y mujer vs hombre, es posible presentar una estructura de lo que Hegel nombra espíritu absoluto. Lo que aparece como cosa “externa” termina siendo una expresión del propio yo, porque el mundo no es totalmente ajeno, sino que el espíritu se realiza en él.
Con esto, puedo decir que el desarrollo del espíritu no es lineal, porque pasa por momentos, aprendemos a través de los conflictos. Por ejemplo, en Antígona se encuentra la ley divina y del Estado. Ambas son válidas, pero se oponen produciendo dolor, tragedia y tensión. Luego estas partes que están divididas se enfrentan, y aunque ambas contienen dos principios distintos, no es bien contra mal, sino un bien contra un bien. Finalmente, ambas verdades actúan una contra la otra: Creonte prohíbe el entierro y Antígona desobedece volviendo el conflicto público, dramático e irreversible.
Esto sucede porque cada personaje cree tener razón absoluta; esto se puede entender mejor con el texto Filosofía del arte o estética de Hegel, donde la tragedia puede representar artísticamente un momento en el que el espíritu aún no está reconciliado consigo mismo.
A partir del texto de Hegel, es posible identificar una serie de categorías estéticas que permiten analizar con mayor claridad la estructura de la tragedia, las cuales presento en el siguiente esquema.
| CATEGORÍAS | TRAGEDIA[1] | DRAMA[2] | COMEDIA[3] |
| Piedad | Sentimos respeto y compasión por el héroe. | Puede aparecer, pero no es central. | Se diluye o se transforma en burla. |
| Ético | Choque en deberes universales. | Se vuelve más personal. | Se relativiza o se ironiza. |
| Divino | Presente como destino o ley superior. | Domina lo humano. | Desaparece. |
| Consideración | Reflexión seria sobre las acciones y sus consecuencias. | Comprensión del carácter individual. | Distanciamiento crítico. |
| Sentimientos agradables y desagradables | Predomina lo doloroso y lo solemne. | Mezcla emocional intensa. | Mezcla ligera que provoca risa o incomodidad. |
| Miedo y compasión | Afecto trágico en el espectador. | Se transforma en empatía o tensión emocional. | Se sustituye por diversión o ironía. |
| Conciencia | Conciencia ética del deber. | Conciencia interior del yo y sus decisiones. | Conciencia libre que juega con la realidad. |
| Simpatía común | El héroe es elevado. | identificación con personajes. | Complicidad humorística. |
| Grotesco | No es propio del género (es fácil de crear). | Puede aparecer ocasionalmente. | Deformación ridiculizante. |
| Bello | Solemne y elevado (difícil de crear). | Bello ligado a lo humano cotidiano. | Bello, ligero, vital e irónico. |
| Ironía | Nada puede tomarse en serio. | Recurso psicológico. | Forma de libertad subjetiva. |
| Pasiones | Subordinadas del deber ético (lo subjetivo del carácter). | Motor de la acción. | Exageradas o caricaturizadas. |
| Subjetivo del carácter | Limitado – domina lo universal. | Individualidad moderna. | Afirmación libre del sujeto. |
En este sentido, la tragedia puede comprenderse como una manifestación estética en la que el espíritu puede llegar a conocerse a sí mismo a través del conflicto. Las categorías estéticas representadas anteriormente no constituyen sólo enfrentamientos individuales, sino momentos necesarios en los que lo universal y lo particular entran en tensión para posibilitar una forma de reconciliación.
Así, el destino de los personajes no expone únicamente una caída personal, sino el movimiento mismo de la racionalidad histórica que se realiza mediante la superación de las posiciones unilaterales. Como señala Hegel (1826, p. 537), “ambas unilateralidades han sido eliminadas, las individualidades se han abandonado. Ello es, entonces, algo absolutamente racional”. Esto permite comprender que las acciones bajo fines particulares forman parte de una verdad ética más amplia. De este modo, la tragedia no sólo conmueve al espectador, sino que lo conduce a una comprensión más profunda de la condición humana.
[1]“La tragedia: primero, [contra la consideración] que se limita meramente al sentimiento [originado por la tragedia], sentimientos agradables y desagradables. […] [de este modo de consideración] lo que dice Aristóteles, [a saber], que la tragedia tendría el fin de despertar miedo y compasión”. Hegel, Filosofía del arte, p.529.
[2]“El acontecer está determinado por la divinidad del sujeto; la divinidad subjetiva actúa, y por eso la exterioridad viene expuesta como determinada por ella”. Hegel, Filosofía del arte, p. 531.
[3]“La comedia moderna es muy distinta de la antigua. En el centro está el drama, el deber o la justicia salen victoriosos […] El tema de la comedia absoluta consiste en que la necedad se aniquila por sí misma: se propone un fin magnífico, aunque sólo como algo imaginado, y en la medida en que el fin debe llevarse a cabo, son los medios mismos los que lo destruyen. En las comedias modernas, los medios son también sirvientes o criadas que ayudan a sus señores, pero por egoísmo y por malentendidos comprometen o destruyen el fin”. Hegel, Filosofía del arte, p. 541-542.
REFERENCIAS
Hegel, G. W. F. (1966). Fenomenología del espíritu (Trad. W. Roces). México: Fondo de Cultura Económica.
Hegel, G. W. F. (1826/ed. moderna). Filosofía del arte o estética. Edición de A. Gethmann-Siefert & B. Collenberg-Plotnikov; traducción de D. Hernández Sánchez.
Rodríguez Ortiz, R. (2026) Seminario: Antígona Ontología de la muerte. UACM (A-011).
- Esmeralda Verenice Peña Garcés es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las ideas de la UACM. Este texto fue escrito para el Seminario de problemas: “Antígona: ontología de la muerte” durante el semestre 2026-1 impartido por Roxana Rodríguez Ortiz. ↩︎
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