Por Imelda Silva Olvera1
El fenómeno Therian -con el que individuos se identifican con especies animales no humanas- ofrece un terreno privilegiado para explorar cómo el juicio estético y la moral evalúan aquello que se presenta como “desviante “al orden establecido. No se trata meramente de una subcultura digital, sino de una crisis de la representación: mientras el sujeto busca una finalidad subjetiva en su animalidad, la sociedad responde con una teleología técnica.
Si bien la modernidad ha intentado categorizar al ser humano como ente racional separado de la animalidad, la identidad Therian reclama una unidad que genera una disonancia estética y ontológica. Lo sublime, tal como lo refiere Kant en la Critica del juicio, surge de una disonancia entre la imaginación y la razón que, en última instancia, revela la superioridad de esta última; pero, ¿qué ocurre cuando esa disonancia no se produce ante un objeto natural, sino ante una forma de vida que reclama el reconocimiento?
La presente reflexión aborda esta pregunta desde la estética kantiana, a partir de lo sublime y lo monstruoso, el asco (Ekel) y la tensión entre genio y gusto. En ese sentido, la reacción social predominante ante los Therians puede interpretarse como un juicio estético fallido: allí donde debería abrirse la posibilidad de una experiencia de lo sublime, se impone la categoría de lo deforme o lo monstruoso, que Kant excluye del ámbito de la belleza y de la sublimidad propiamente dichas.
Para Kant, el juicio de gusto puro se caracteriza por ser desinteresado, subjetivo con pretensión de universalidad y formal. Lo bello es aquello que place “en el mero juicio (no, pues, por medio de la sensación del sentido, según un concepto del entendimiento)” (Kant, 2003: 309). La belleza reside en la forma del objeto, en tanto esa forma provoca un libre juego armonioso entre la imaginación y el entendimiento, sin estar determinada por ningún concepto. ¿Qué ocurre cuando el objeto que se presenta ante nosotros no posee una forma claramente delimitada, o cuando su forma contradice las expectativas habituales de lo humano? Aquí entra en juego la categoría de losublime,que Kant distingue de lo bello. Lo sublime no se refiere a la forma del objeto, sino en una relación entre la representación y nuestras facultades, particularmente la razón.
En lo que Kant denomina sublime dinámico, la naturaleza se presenta como una fuerza ante la cual nuestra capacidad física de resistencia es insignificante, pero que, al no ser contemplada desde un lugar seguro, nos permite descubrir en nosotros una facultad de resistencia de especie totalmente distinta: nuestra libertad moral. “La naturaleza se llama aquí sublime porque eleva la imaginación a la exposición de aquellos casos en los cuales el espíritu puede hacerse sensible la propia sublimidad de su determinación, incluso por encima de la naturaleza” (Kant, 2003: 304)
Kant establece una condición ineludible para la experiencia de lo sublime: el sujeto debe encontrarse en una situación de seguridad que le permita contemplar el fenómeno amenazante sin sentir un temor real: “todo lo que excita en nosotros ese sentimiento entre lo cual está la fuerza de la naturaleza […] de juzgar aquella sin temor y de pensar nuestra determinación como sublime por encima de ella” (Kant, 2003: 306)
Quien huye presa del miedo real no puede juzgar estéticamente, del mismo modo, quien se siente amenazado en su propia identidad o en su concepción de lo humano difícilmente podrá elevarse a la contemplación desinteresada.
Si aplicamos estas categorías al fenómeno Therians, observamos que la presencia pública de estos jóvenes que adoptan comportamientos animales, constituye para el espectador una suerte de fuerza dinámica que desafía su capacidad de comprensión y sus categorías identitarias. La conducta de los Therians no amenaza el cuerpo, sino el sensus communis, ese sentido común que, según Kant, permite la comunicabilidad universal de los juicios: “en su reflexión, tiene en cuenta por el pensamiento (a priori) el modo de representación de los demás para atener su juicio, por decirlo así […] tendría una influencia perjudicial en el juicio” (Kant, 2003:332)
Ante la crisis de la representación entre el juicio determinante y el juicio reflexionante nos encontramos ante una paradoja representacional. En el caso de los Therians, el sujeto se representa a si mismo (su identidad) a través de una forma que no se ajusta a los conceptos establecidos de “humano”. Su cuerpo (forma sensible) es el mismo que el de cualquier ser humano, pero su autoconciencia introduce una discordancia entre lo que parece (un humano) y lo que se siente (un animal). Esta discordancia interna genera, para el observador externo, una crisis: no sabe a qué atenerse, no puede subsumir lo que ve bajo conceptos familiares.
Para abordar esta crisis representacional, resulta crucial examinar una de las categorías kantianas máspertinentes: el asco (Ekel) mediante la cual Kant aborda explícitamente la cuestión de lo feo y establece una distinción fundamental, “solo una clase de fealdad no puede ser representada conforme a la naturaleza sin echar por tierra toda satisfacción estética, […] no puede ser ya tenida por bella” (Kant,2003:348)
Para Kant, el asco es la única sensación que anula la distancia estética: el objeto representado actúa directamente sobre nuestra sensibilidad como si fuera real. En el caso de los Therians, la reacción social del asco o de repulsión podría interpretarse como una incapacidad para mantener esa distancia estética: el espectador no logra contemplar la performance identitaria como una forma simbólica, sino que reacciona como si estuviera ante una violación real del orden natural.
La identidad Therian, al encarnarse en un cuerpo humano que reclama para sí atributos animales, produce una suerte de corto circuito representacional: el símbolo se confunde con la realidadgenerando una incomodidad que impide la contemplación serena., ¿es el asco la categoría adecuada para describir esta reacción? Puede ser que no setrate de un asco físico, sino de un asco moral o simbólico: la sensación de que se está violando un límite, de que se está transgrediendo una frontera ontológica que debería permanecer intangible.
La sociedad, al reaccionar con burla o condena moral ante los Therians, está manifestando ese asco simbólico que Kant no analizó, pero que se pueden derivar de sus principios. Quizá por ello la reacción social ante los Therians no es estética: al no poder ser juzgados ni como sublimes ni como bellos, son juzgados como desviados que deben de ser corregidos o sanados. Los Therians nos enfrentan a la pregunta ¿qué es ser humano? ¿es la humanidad una esencia inmutable o una construcción abierta a transformaciones radicales?
En síntesis, he intentado mostrar que el fenómeno Therian, más allá de su viralidad mediática y de las polémicas sociales, plantea cuestionesestéticas de gran extensión. Desde el marco kantiano, la reacción social predominante puede interpretarse como un juicio estético fallido: el temor simbólico que provoca la disolución de las fronteras de lo humano impide la elevación de lo sublime y conduce a la degradación del fenómeno a la categoría de lo “patológico”.
La crisis de la representación que el Therian encarna es una crisis del juicio determinante, que al no encontrar conceptos adecuados para comprender la novedad identitaria, reacciona con mecanismos de defensa: la burla, el asco e incluso la condena moral.
Tal vez, lo que piden los Therians, sin saberlo, es que elevemos nuestra mirada más allá del asombro superficial y del juicio condenatorio, y nos atrevamos a pensar, con ellos, que nuevas formas puede adoptar eso que seguimos llamando con excesiva seguridad “lo humano”, esta advertencia nos recuerda que los juicios estéticos sobre lo deforme y lo monstruoso tiene consecuencias éticas y políticas.
Referencia:
Kant, I. (2003). Prolegómenos a toda metafísica del porvenir. Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime. Critica del juicio (Colección “Sepan Cuantos…”, No.246). Editorial Porrúa.
- Imelda Silva Olvera es es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las ideas de la UACM. Este texto fue escrito para el curso de Estética durante el semestre 2026-1 impartido por Roxana Rodríguez Ortiz. ↩︎
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