Por Imelda Silva Olvera1
Immanuel Kant, en su Crítica del Juicio, nos invita a reflexionar sobre la belleza de la naturaleza y lo sublime, indagando cómo nuestras facultades cognitivas y emocionales interactúan para crear una experiencia estética. En ese sentido, su perspectiva puede analizarse a partir de la presentación de BadBunny en el SuperBowl que se celebra anualmente en los Estados Unidos de América.
El objetivo de esta reflexión parte de tres ejes: qué se ve, qué se dice y quién participa. Por lo tanto, criticar la presentación de BadBunny implica indagar sobre las condiciones trascendentales de la inteligibilidad de la estética: ¿Cómo es posible que un espectáculo concebido para la televisión masiva, inserto en la lógica del entretenimiento deportivo estadounidense y saturado de símbolos puertorriqueños, pueda pretender un asentamiento universal?
Según Kant, el juicio del gusto se define por la cualidad; es decir, el juicio estético puro no depende de la existencia del objeto ni de su utilidad. “El hambre es la mejor cocinera” (Kant: 122), decía el autor, sugiriendo que solo cuando la necesidad se ha calmado puede decirse quién tiene gusto. Bajo esta premisa, el objeto estético deja de ser un ente ontológicamente especial para convertirse en una dimensión analítica aplicable a cualquier producción cultural.
Sin embargo, el espectador no puede ser indiferente a la existencia del objeto: la existencia de Puerto Rico y de la comunidad latinoamericana, a menudo amenazada por políticas migratorias. No se trató simplemente de la contemplación de la forma; en el caso de BadBunny, su presentación no se limitó a la mera exhibición de talento musical. Fue una declaración cultural, un acto de representación de una Latinoamérica que se siente vulnerable. Al apropiarse de un escenario global, generó un sentimiento de identificación y orgullo en muchos espectadores.
No se trata, pues, de un sentido común empírico, sino de una capacidad trascendental para juzgar desde el lugar de cualquier otro. La necesidad estética es, en ese sentido, combativa: no se limita a constatar acuerdos, sino que los exige —incluso cuando no existen— porque ha transformado su interés particular en una forma cuya comunicación puede pretender universalidad.
Por lo tanto, lo bello place sin concepto bajo la pretensión de universalidad del juicio estético kantiano. Esto demuestra que, aunque no todos deban aprobar el espectáculo, se exige aprobación porque la representación ha logrado movilizar el libre juego de las facultades de un modo que puede ser compartido. Para Kant, el juicio de lo bello tiende a lo universal precisamente porque prescinde de lo particular, permitiendo sentir que el mundo sensible es amigable para la libertad.
“¿De qué manera llegamos a ser conscientes de una recíproca y subjetiva concordancia de las facultades de conocer entre sí en el juicio del gusto?” (Kant: 132). El juicio estético no postula que todos estén de acuerdo, sino que todos deberían estarlo; es una necesidad condicionada. Desde la narrativa, se puede argumentar que “la estética nace como conocimiento de lo sensible” (Prada: 1). No se trata de clasificar objetos bellos, sino de cultivar una disposición del ánimo capaz de percibir la riqueza de lo sensible sin reducirla a un concepto.
En conclusión, la estética desde la perspectiva filosófica es la investigación sobre cómo es posible juzgar con otros sin juzgar por otros; exigir acuerdo sin imponerlo y pretender universalidad sin tenerla asegurada. Es el arte de exigir, sin garantías, que el mundo pueda ser de otro modo. BadBunny, quizás sin saberlo, hace una demostración kantiana: no presenta la certeza de la comunidad, sino su exigencia. Es la necesidad estética hecha ética: exigir acuerdo incluso cuando no hay evidencia de que dicho acuerdo sea posible.
“Bello es lo que, sin concepto, place universalmente” (Kant: 133).
Referencias
Kant, I. (2007). Crítica del Juicio (J. J. García Norro& R. Rovira, Eds.). Editorial Tecnos. (Obra original publicada en 1790).
Prada, J. M. (s. f.). Curso “La estética y la teoría del arte en el siglo XVIII”. Alexander G. Baumgarten y la Estética como disciplina filosófica autónoma. Juan Martín Prada. https://www.juanmartinprada.net
- Imelda Silva Olvera es es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las ideas de la UACM. Este texto fue escrito para el curso de Estética durante el semestre 2026-1 impartido por Roxana Rodríguez Ortiz. ↩︎
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