Por Ma del Rosario Villaverde Munguia1
Pocas ocasiones, en toda mi actividad académica, he podido ver que los profesores y/o académicos tengan dentro de sus programas de estudio un propósito más allá del de cumplir horas laborales o cargas horarias. No existe esa desnudez de la que nos habla Derrida en su libro El animal que lue-go estoy si(gui)endo a la hora de presentar una clase o de hacer filosofía y que, desde mi perspectiva, no crea ningún tipo de interés en el alumno más allá que el de aprobar la materia.
A diferencia de este texto, “Ecología del afecto en la literatura: “Soñarán en el jardín”, de Gabriela Damián Miravete”, de Roxana Rodríguez Ortiz, que me pareció con mucho sentido, desde la perspectiva pedagógica. Es decir, algunos compañeros que habían tomado clases con la profesora, me comentaron que no introducía en su plan de estudios las famosas “notas” que actualmente hacemos cada semana. Hasta el día de hoy puedo darme cuanta del por qué: más allá de lo que comúnmente se podría pensar (que es una burda forma de demostrar que se está trabajando en el seminario), veo que sí hay propósito: uno sería el desarrollar habilidades de escritura, otro es que desde el ejemplo nos inspiré a plasmar la filosofía no como ajena a nosotros, sino hacerla desde lo que nos aqueja, lo que nos motiva y nos mueve.
Me hace apreciar bastante este texto, no solo por la claridad con la que se abordan categorías planteadas por Roxana, como lo es pluralismo ontológico, ontología sintética, etc, sino también por esa desnudez al hablar de algo que quizás en su momento fue un evento difícil de sobrellevar, como lo es la perdida de una ser querido. El duelo no tiene guías para pasarlo, pero bien podíamos abrazar lo que queda por debajo de él, de esa tristeza que nos nubla y se posa como una nube obscura arriba de nuestras cabezas. Abrazar lo que hay detrás del ser que dejó este plano (refiriéndome a su cuerpo) tiene que tener cierta belleza. Y es esto lo que denomina Roxana como Ecología del afecto:
El trabajo del duelo para mí es la ecología del afecto, es la amistad, es la responsabilidad, es la libertad, es la ética, es el cuidado, es hacer comunidad más allá de las fronteras del que ya está muerto, de la muerte de cada una; es abrazar la tierra en la que enterramos a nuestros muertos. Dar gracias, acoger a quien ya no está más que en el recuerdo y a quienes se sumarán en los otros trabajos del duelo que están por venir. Acoger el acontecimiento de la muerte con la hospitalidad incondicional. Recibir lo que la muerte nos da o le damos a la muerte.
Rodríguez Ortiz (2023)
La muerte no significa final, al menos no si hablamos de inmanencia. El cuerpo podrá parecer, pero no lo que cada uno somos en sí. La ecología del afecto vista desde esta perspectiva crea ese puente, entre los no-vivos y nosotros.
Referencias:
Rodríguez Ortiz, R. 2023. Ecología del afecto en la literatura: “Soñarán en el jardín”, de Gabriela Damián Miravete. Catedral Tomada. Vol. 11 No. 21. https://doi.org/10.5195/ct/2023.611
- Ma del Rosario Villaverde Munguia es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las ideas de la UACM. Este texto fue escrito para el seminario de Bioética durante el semestre 2025 -II impartido por Roxana Rodríguez Ortiz. ↩︎

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