Por: Marco Antonio Pérez Nazario*
En esta ocasión, para la presentación de la nota número 5 del curso de Bioética, se nos sugirió realizar un ejercicio comparativo con el fin de diferenciar entre la Inteligencia Artificial (IA) y la Inteligencia Comunal o “Nishnaabewin”, como es abordado por la autora Leanne Betasamosake Simpson, con referencia directa a todo lo relacionado con las comunidades Nishnawbe.
Es curioso abordar el tema de la inteligencia con respecto a estas comunidades, puesto que el fin de esta inteligencia comunal es contrario a las tradiciones intelectuales estructuradas bajo un régimen occidental europeo, que suele apropiarse de los contenidos para después reproducirlos en procesos que tienen utilidad en el campo del consumo capitalista. Tal es el caso de la Inteligencia Artificial (IA), como producto de las revoluciones científicas que han logrado sofisticar cada vez más la capacidad de conectividad, así como su actualización constante. Esta es alimentada con cada dato que consigue de cada individuo que interactúa con ella, formando una red integrada capaz de superar, en cierto sentido, las capacidades cognitivas de cualquier ser humano en particular.
No obstante, la IA, al ser un producto del mismo intelecto humano, solo es capaz de competir con este, puesto que sus sensores y habilidades han sido programados para el servicio y aprovechamiento en la vida cotidiana; es decir, su propósito es interactuar solamente con quien forma parte activa en su red. A diferencia de la Inteligencia Comunal, la cual construye sus teorías en relación con la resonancia que los individuos tienen con sus vidas, es decir, su capacidad de afectar y ser afectados por el mismo entorno que los rodea y los contiene. Esto da como resultado una serie de significados (literal, conceptual y metafórico) que es otorgado por cada ser en particular.
Lo sorprendente en el desarrollo del significado es que, a diferencia de la IA, este significado no es predeterminado ni ya dado. Al contrario, la Inteligencia Comunal (IC) genera el significado desde abajo o desde la raíz, en tanto que entiende que todos somos capaces de generar significado. Y cuando la IC se refiere a “todos”, no solo habla de los humanos (infantes, adultos y ancianos), sino que habla, a su vez, de otros organismos que son capaces de enseñarnos nuevas formas de significado, que muestran el compromiso y respeto que estas comunidades tienen con el BIOS y todo aquello que es de su creación. No es sorpresa, entonces, que una de las grandes cualidades de la IC es su capacidad imaginaria y creativa, que da forma al significado al pretender soñar con realidades alternas que comparten lugar en un entorno de amor y compasión.
Tal es la importancia de este punto: la misma inteligencia artificial no es capaz de competir con la capacidad creativa e imaginaria del ser humano particular, puesto que, al menos en el caso de estas comunidades, no existe tal relación o contacto con la IA, ya que el propósito de estas culturas es interactuar con su entorno físico y natural. Esto demuestra el compromiso que se tiene con la vida misma, es decir, la disposición de aprender del BIOS bajo una razón fundada en el gozo y la curiosidad, más que en la utilidad. Aunque en cierta forma este aprendizaje llegue a tener una utilidad, debemos aclarar que este no es el fin primordial que la IC busca al generar conocimiento. Lo que sucede es que este conocimiento depende de las relaciones íntimas y recíprocas fundadas en un entorno de respeto y humildad con todos los elementos de la creación.
Al mismo tiempo, la IC fluye a través de las relaciones con estos seres vivos, es decir, que la inteligencia no es una propiedad que pueda ser poseída. Esta es una diferencia tajante y exclusiva con la IA, la cual está compuesta por este tipo de aseveraciones que son el producto de la apropiación del conocimiento integrado a la red. Como este significado es generado desde la raíz y a partir del juicio o particularidad del individuo que se ve afectado por este fenómeno, el individuo es capaz no solamente de crear significado, sino que también tiene la responsabilidad de crearlo en tanto que debe dar cuenta de sus pensamientos, ideas e interpretaciones.
¿Y cómo es que este individuo da cuenta de sus pensamientos, ideas o interpretaciones? Bueno, pues esto se da a partir de la creación de su teoría, que está estrechamente influenciada por las emociones, la presencia espiritual, el contexto y su relación con el mismo.
* Marco Antonio Pérez Nazario es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las ideas de la UACM. Este texto fue escrito para el seminario de Bioética durante el semestre 2025 -II impartido por Roxana Rodríguez Ortiz.

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