Por Francisco Antonio Medardo Vázquez
En mi zona rural de Santa Cruz Lomalapa, Mpio. De Olinalá del Estado de Guerrero, la economía está basada en conocimientos y saberes prácticos que permiten el uso y el manejo de la producción y recolección temporal de alimentos para el autoconsumo, el intercambio y la venta de este. Ahora bien, el sistema de cultivo tradicional para la producción de maíz, frijol, chile, calabaza, jamaica, cacahuate y amaranto está caracterizada por la aplicación de conocimientos basados en la observación, interpretación y el análisis de los fenómenos naturales como los ciclos lunares, el clima, el tiempo atmosférico y la posición de las estrellas que determinan los periodos para las prácticas propias de la temporada, desde la preparación del terreno, la siembra, las labores de cuidado, hasta la cosecha de los alimentos. Así como también se basa en las habilidades y experiencias en la clasificación de los suelos y el manejo de herramientas como el arado, azadón, machete, picos, hoces, etc.
Estos conocimientos y saberes aplicados al sistema de producción para el cultivo son fundamentales, porque de éste depende el uso y el manejo del producto como: la base de la alimentación en el autoconsumo para la subsistencia del pueblo; en el intercambio que se da de producto a producto o con respecto a una mercancía exterior cuando los recursos económicos son escasos para adquirirlos; y para la venta de estos, con el fin de obtener algunos ingresos para la compra de insumos básicos. No obstante, las leyes del mercado no se tientan el corazón, pues con la oferta y la demanda de productos foráneos que la comunidad empieza a consumir inexorablemente está cambiando la manera de percibir el mundo, las relaciones personales y las relaciones con la naturaleza.
En este sentido, con la oferta y demanda de diferentes productos que impera en el municipio y la alta competitividad con las grandes tiendas en cuanto a productos agrícolas, el valor de la fuerza de trabajo aplicado a la producción de los campesinos se devalúa porque los precios se equiparan con los productos del mercado que fueron producidos por agroecosistemas. Además, con la tasa de inflación que existe actualmente en el país, las familias pierden el poder adquisitivo de algunas necesidades básicas como la alimentación, la vestimenta, así como el derecho a la salud, la educación, la seguridad y servicios que son indispensables para el crecimiento y su pleno desarrollo. Y es entonces que al darse cuenta de que los precios del mercado están cada vez están más altos y que la venta de los productos ya no genera suficientes ingresos, las personas buscan nuevas posibilidades de estabilidad económica con el fin de seguir satisfaciendo sus necesidades básicas y al mismo tiempo satisfacer sus deseos innecesarios para estar a la moda.
Así, en esta búsqueda de obtener más ingresos, se promueve la competencia de producción entre las personas y la interacción entre ellas se torna cada vez más sin afección; las relaciones empiezan a basarse en intereses particulares; los comportamientos adquieren un matiz artificioso; y cada miembro crea una personalidad falsa donde subyace la envidia como factor principal generado por la competencia que ha llegado a quebrantar los valores tradicionales como el respeto, la honestidad y la solidaridad. En esta búsqueda de ingresos también se renta la fuerza de trabajo en construcciones de casas por salarios paupérrimos, pero principalmente se empieza a abandonar el campo para emigrar a los Estados Unidos de América y vender su fuerza de trabajo.
A medida que las políticas públicas y los medios de comunicación venden discursos de desarrollo y progreso, la vida tradicional del pueblo poco a poco se va perdiendo. Con la idea de tener y llevar una “mejor calidad de vida”, la población está cambiando su manera de vivir más que para su bienestar, se está basando en el consumo de bienes materiales para satisfacer sus deseos y facilitar el quehacer diario y los modos de producción agrícola, porque, por un lado, con los proyectos de desarrollo impulsados por el municipio, los campos se empiezan a tecnificar, a promover el uso de maíz “mejorado” y a impulsar el uso fertilizantes, herbicidas, fungicidas e insecticidas para el rápido crecimiento y garantizar la producción empleando menos tiempo y esfuerza de trabajo. Y por el otro, con la propaganda masiva de diferentes productos y tecnologías que los medios de comunicación ofrecen, la ingesta de productos industrializados se ha ido acrecentando, así como en la compra de aparatos celulares, computadoras, radios y electrodomésticos.
Y a medida que esto sucede, el pueblo cada vez más empieza a depender de bienes foráneos (instrumentos de trabajo, ropa, productos industrializados, etc.) y la necesidad de dinero se hace más apremiante. De modo que, cada persona busca maneras de generar ingresos a costa de su fuerza de trabajo altamente explotable alejándose del pueblo por períodos cada vez más largos para seguir satisfaciendo sus necesidades básicas y las de su familia, así como también sus deseos innecesarios que le han implantado los aparatos ideológicos de Estado para seguir alimentando al capitalismo.
* Francisco Antonio Medardo Vázquez es estudiante de la Licenciatura en Filosofía e Historia de las Ideas en la UACM-SLT. “La economía del mercado contra la economía en el sistema de producción agrícola de Santa Cruz Lomalapa”, es el ensayo escrito para certificar el curso Filosofía de la Economía, impartido por Roxana Rodríguez Ortiz, semestre 2022-2.

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