Por María Guadalupe Pérez Villegas
que Ia soberanía consista en la voluntad
y capacidad de matar para vivir.
Achille Mbembe.
Nacemos, vivimos y morimos como sujetos total y necesariamente políticos y económicos, pues para llevar a cabo la vida o cualquier etapa de lo que llamamos vida necesitamos de la producción y reproducción de la fuerza de trabajo. En primera instancia la tenemos como una virtud heredada por la familia como la primera institución reproductora del biopoder; la cual nos condiciona a pensar el trabajo como una necesidad para la posibilidad de nuestra existencia.
Nos hacen creer que en la medida que seamos productivos tendremos mejor calidad de vida, es decir, tanto más trabajemos, mayor percepción de capital obtendremos y, por tanto, gozaremos de mayor satisfacción de necesidades y placeres económicos.
Pero esta ideología de trabajar más para obtener más se explica por medio de los aparatos ideológicos del estado (AIE de Althusser) que no son solo están en la familia, también se encuentran en el ámbito social, cultural, religioso y lo más perverso su mayor instancia está en la escuela, pues en ésta nos educan para servir única y totalmente al capital.
Lo ideal debería ser que desde pequeños nos enseñaran a desarrollar un pensamiento crítico ante la realidad de los hechos, pero en su lugar solo obtenemos una formación mecanicista la cual nos entrena para ponernos en las manos del capitalismo: servir para él en todos los sentidos.
María guadalupe Pérez Villegas
El biopoder que impone el estado sobre los cuerpos es una forma de vida instruida, diseñada, protegida, subordinada y delimitada por la soberanía y no otra que elijamos libremente, esto nos hace temerosos y miedosos ante la realidad, nos vuelve cuerpos totalmente controlables y por tanto altamente explotables. La explotación del biopoder se refleja en la capacidad de producción, cuando por auto-exigencia todo nuestro tiempo ser debe invertir en la generación de capital durante la edad productiva, somos la “carne de cañón” del capitalismo por medio de la fuerza de trabajo, pues es cuando brindamos mayor producción y acumulación de capital y entre menos críticos y más ignorantes nos mantengamos es mejor para el sistema.
La explotación que ejerce el biopoder es una especie de esclavismo; al igual que los esclavos dejan de ser servibles para sus amos, también todo ser explotable deja de tener valor para el capitalismo. Somos una especie de mercancía que llega a la decadencia o caducidad cuando nuestra fuerza de trabajo se agota y la capacidad de producción ya no genera capital: nuestra capacidad y el servicio que como individuos ahora en decadencia habíamos brindado al capitalismo está por escribir su epitafio pues ya no le somos útiles. Aquella pasada majestuosa existencia productiva habrá llegado a su fin y ese cuerpo antes productivo servidor del capitalismo será un cuerpo desechable, el cual ya no tiene lugar alguno en las jerarquías capitalistas.
Sin ciudadanía política es casi imposible vivir
La suma capital humano y biopoder se convierte en necropoder pues ahora nuestra función será aportar junto con el sistema mayor control a otros cuerpos por medio de la tecnología o técnica que es desarrollada y empleada por el capital humano; esta vez ya no trabajamos sólo para ser de manera individual sujetos desechables también aportamos a la posibilidad de que nos produzcan y administren la muerte; condición que llevamos impregnada y a la vez nosotros le imponemos a los otros, según lo que cada quien brinde al capitalismo, pues este solamente busca conservar la economía, lo demás no importa.
Las vidas que ya no producen ya de nada le sirven; se habrán convertido en personas “parasito” que funcionan como un virus que enferma y degenera la economía y es mejor que mueran para que dejen vivir el sistema económico, el capitalismo quiere preservar la economía a costa de cualquier cosa o vida y este no va a invertir en alguien que ya no le aporta nada.
María guadalupe Pérez Villegas
¿Es posible dejar de ser vistos como cuerpos desechables? La respuesta podría estar en asumirnos como sujetos de derechos y sujetos políticos, al tomar conciencia de esto y ver la realidad de manera crítica podríamos optar por invertir en nuestro capital humano; es decir, dedicar más tiempo a la formación profesional que a nuestro ser del trabajo. Al invertir en capital humano pareciera ser que en automático invertimos en nuestro bienestar, por lo tanto, estaríamos abonando a la posibilidad de obtener +CP +RT +U +TL y -TT ósea menor explotación y una vida más tranquila.
¿Realmente esta es la clave para no ser un cuerpo desechable? Desde mi perspectiva esta es una trampa más del juego del capitalismo porque al invertir en capital humano no se hace más que invertir nuevamente al capitalismo, pero esta vez con menor explotación porque con mayor capital humano brindamos beneficios, mejoras y mayor competitividad a las empresas o sectores en los que nos vayamos a desarrollar profesionalmente; estos sectores aun cuando nosotros somos conscientes de ser sujetos políticos, de derecho y económicos también nos ven y utilizan como cuerpos desechables.
Siempre hay que posicionarse como sujeto político y sujeto de la economía, de lo contrario la vida ya no es vida sino más bien muerte, pues en el momento que dejamos de ser generadores de capital estamos listos para la muerte porque el cometido del capitalismo es mantener y controlar las vidas productivas.
* María Guadalupe Pérez Villegas es estudiante de la Licenciatura en Filosofía e Historia de las Ideas en la UACM-SLT. “Del biopoder al sin poder” es el ensayo escrito para certificar el curso Filosofía de la Economía, impartido por Roxana rodríguez Ortiz, semestre 2022-2.
Se puede citar:
Pérez., M. G. (29 de noviembre de 2022). Del biopoder al sin valor. Obtenido de Ecologia del afecto: https://ecologiadelafecto.wordpress.com/2022/11/29/del-biopoder-al-sin-valor/

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