Por Mónica Rodríguez R.*
No puedes embarazarte un día en específico para que tu hijo nazca cierto día en específico, no existe tal puntualidad, por más cesáreas innecesarias que nos impongan.
Cuando me dijeron que mi hijo nacería por cesárea tuve que investigar más sobre lo que eso significaba porque no cabía en mi cabeza que me abrieran para sacarlo. Empecé a recibir consejos que no pedía: “gatea para que se acomode”, “ve a que te soben”, parecía que lo sabían todo sin conocer el contexto. Incluso al programar el día de la operación el doctor sugirió los días que estaban considerados “perfectos” para augurar su personalidad según el día de la semana que naciera.
Opinar sobre el otro se vuelve sencillo cuando la confianza está de tu lado, podemos ser expertos en un tema con el simple hecho de que tu receptor sea ignorante en el mismo. Desde ese momento entré en conflicto con la puntualidad.
No entiendo cómo se puede medir la personalidad de una persona antes de nacer, cambié de ginecólogos porque eran muy conservadores y me reprendían si hablaba a favor del aborto estando embarazada, pero terminé con un médico que determinó mi destino y el de mi hijo.
Me pidieron llegar puntual, siete de la mañana. No podía asimilar la experiencia que estaba por vivir puesto que nadie me habló de dar a luz en medio de una pandemia. Era parte de un número de mujeres que compartían eso en común y aun así cada experiencia rozaba en casualidades.
Mi experiencia fue efímera en el quirófano y permanente en mis recuerdos. La enfermera me “presentó” a mi primogénito, me parecía chiste pero lo dejé pasar al mirar a ese ser que ahora compartiría recuerdos conmigo. Regresó mi individualidad corporal pero se esfumó la subjetiva.
Estoy maternando bajo las exigencias de una puntualidad que no me define, llevo poco tiempo, pero el suficiente para tener claro cómo decido ejercerla.
Mónica rodríguez R.
Desde el primer día maternando firmas un contrato donde te comprometes a cumplir estándares que la sociedad te pide para medir tu habilidad como madre. Desde que te dicen “¿tienes 26 años?, ya te estabas tardando, pero ¿aún no terminas una carrera?, entonces no es tiempo”. Hasta los comentarios como “ese niño ya es muy grande para tomar leche”.
Maternar en pandemia fue más complicado por las limitaciones que eso implicaba y porque también ahí, aislada de cualquier experiencia ajena, los estándares se amoldaban a la situación. La carga de traer más personas al mundo, por ejemplo, en medio de lo que parece ser el fin del mismo, tendrá que valer la pena.
“Tendrá que valer la pena”, esta proposición tan puntual es la carga a toda una generación, para el 2045 tengo que “entregarle” a la sociedad un individuo digno de haber nacido en medio de una pandemia. Hasta escribirlo me causa revuelo en el estómago.
La puntualidad me persigue a todas partes, maternar postpandemia solo me permitió expandir estas exigencias fuera de casa. Cada paso que doy siento un susurro detrás diciendo “vas bien” o “lo hiciste mal”, cada paso que doy me recuerda que somos seres sociales, vivimos en comunidad y ese fantasma que susurra es parte de esto y aunque la puntualidad es algo vivo en constante modificación, carece de reflexión.
*Mónica Rodríguez R. es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las Ideas de la UACM. “La puntualidad en la maternidad” fue escrito durante el Taller de Tesis (2022-2) y a partir de la metodología de escritura Filosofía Ficcional desarrollada por Roxana Rodríguez Ortiz.

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