Lo visual en los acontecimientos de la naturaleza y la realidad

Por Javier González*

La introspección como medio de encontrar posibles hechos que trascienden en la naturaleza, es así como será mi modo de percibir el mundo de los sentidos cada vez que la experiencia del día a día sea visual.

A la distancia un cielo azul con pequeñas nubecillas blancas y a lo lejos el horizonte se torna pintado de verdes montañas, esto se puede distinguir para las cosas materiales en el mundo de lo inteligible como referente visual, pero la creencia de estar viendo no es como parece y cómo lo asimilan los procesos mentales.

La justificación para cada circunstancia en espacios abiertos, como ir por la calle, será en todo momento la intuición especulativa de lo que existe frente o a mi alrededor, activando los estados sensoriales. En reconocer a cada instante la fricción de lo visible e invisible se torna necesaria la explicación a la interpretación de lo que puede ser en las pantallas mentales para no tropezar a cada instante.

Lo imperceptible a mi paso y en cada lugar es plenamente entendido como parte de los sesgos visuales: al subir escaleras, al transporte público, ingresar a la universidad, etc. Necesito de la precisión lógica de cada lugar en que me encuentre y saber reconocer, no solo creer en los sentidos especialmente el de la vista, será la diferencia entre solo caminar y poder persuadir los modos de trasladarse de manera calculada en lugares públicos y cerrados.

La inmediatez y la toma de decisiones como también los atajos cognitivos, los reflejos, la intuición forman parte de todo aquello que agilice una mejor movilidad cuando haya contrastes que esquivar. Y qué decir de la convivencia con los demás, gente que viene adelante, al lado y tras de mí sin ser vista, pero si oída: si me conocen, me hablan y a veces no, quedando condicionado mi saludo.

Concibiendo el criterio suficiente de los demás sentidos se observa la realidad no imaginaria. Con datos visuales que conserva la memoria durante un tiempo más prolongado puedo llegar a ser interactivo con la realidad. Esto no ocurre así con las personas no visuales de nacimiento, en ellas su percepción es diferente, no distinguen colores, rostros, no han tenido la experiencia de ver una puesta de sol u observar las estrellas o un amanecer en el horizonte, derivando así a otra forma de ver.

En ellos la comprensión de la realidad fue aprendida de manera no empírica a diferencia de cuando somos visuales desde niños y aprendemos a ver; su experiencia visual en el cerebro es más imaginaria y es posible que también tengan más ventaja que quienes tenemos poco tiempo de no ser visuales, pues ya están adaptados al mundo de lo visual y no se les dificulta por mucho trasladarse de un lugar a otro.

La cotidianidad con la gente visual siempre será un interminable reto para la comprensión y el entendimiento: el complejo absurdo que nos separa por no ser visual de manera convencional. La mayoría de la gente cree que ve porque ve imágenes, porque la estructura ocular funciona como una camarilla, pero esa no es la realidad visual, sino la comprensión y el razonamiento que asimila el cerebro generando estados y representaciones racionales capaces de distinguir con criterio cualidades del  mundo real.

Las cualidades de la movilidad nunca han sido ni serán las mismas para cada ocasión, todo lugar es incierto para tropezarme, la probabilidad es alta, los sesgos siempre se presentan fugazmente por necesidad de saber que hay frente a mí, la intuición constante me indica que llegué a mi casa, la percibo como lo admisible de un proceso necesario dentro de la causalidad.

Javier González

La naturaleza tiene sus designios inviolables para toda circunstancia, todos los seres vivos buscan la adaptación, entre ellos los humanos, quienes cuentan con la capacidad innata, necesaria para comprender y asimilar lo contrastante de un momento sutil, como lo radical de un terreno accidentado, midiendo, por decirlo así, objetos reales de los no reales.

La motivación y las emociones, además de ser lo que más escuchas y te hacen ruido en la mente, nunca sirven de mucho cuando no se es consciente: en todo momento surgen circunstancias de la vida diaria que te pueden hacer vulnerable, incluso aunque no se tuviera una carencia visual; por necesidad o supervivencia los demás sentidos estarán alerta ante los embates de la naturaleza.

Las conmociones como la alegría o la tristeza son de lo más cercano al ser humano cuando es invadido por una lluvia de ideas confusas y aprendidas instaladas en la mente emocional. Nos enseñan a ser felices, tenemos miedo a la pérdida, queremos tener todo y no perder nada, mucho menos un sentido como la vista. Y es que la vista es la que nos conduce de un lugar a otro cuando estamos en un mundo tan visual y es en ese preciso instante que dejar de ver puede generar todo un torbellino de emociones por lo que se deja de hacer.

El estado de ánimo suele ser tan vulnerable que entre menos se conoce a sí mismo más se sufre, cuando una persona la vemos contenta muestra a simple vista su satisfacción por lo que considera gratificante para lo que hace y siente, mis impresiones observacionales e introspectivas van dirigidas hacia el desarrollo del ser consciente en el constante golpeteo del mundo visual.


*Javier González es estudiante de la licenciatura en Filosofía e Historia de las Ideas de la UACM. “Lo visual en los acontecimientos de la naturaleza y la realidad” fue escrito durante el Taller de Tesis (2022-2) y a partir de la metodología de escritura Filosofía Ficcional desarrollada por Roxana Rodríguez Ortiz.


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